Después de ganar el programa pasado, y de haber dejado el baño de los camerinos perfumado, Los Mozzarella debían sobreponerse a los madrazos de varios comediantes del programa que lanzaban impomperios cuando no podían hacer sus necesidades, “no joda quien cago este baño..”, “este baño huele a M…”; frases que antes de amedrentarnos nos recordaron ese bello cuento que alguna vez escribimos con los compañeros Piña, Cebollo y Fiori, llamado: “Defecada en Re menor”, titulo que misteriosamente se nos presentaba como introducción a nuestra próxima obra guaimaronistica: El Te. Pues esta bebida es conocida por sus los alivios a los males estomacales.
Quizá parezca una oda a una bebida foránea poco cercana a la colombianidad, mas acostumbrada a los aromas del café o las burbujas de la gaseosita, pero para eso encontramos el antídoto. Por ejemplo: “Si quieres emborracharte prepara una copa de Te Jo”; “el Te de un lord inglés se hace con agua calien Te, pero los colombianos prefieren el aguardien Te”. De ese modo, fuimos acercándonos a un lenguaje mas familiar con el público, demostrando con finas rimas porque al Wimar le dicen el “Tigre, león silla rimax, que pasa con la rima”.
No sobra contar que al final de este número, cuando la guaimarones estaba a flor de piel, y el público se encontraba mas confundido, poniendo tanto empeño en entender lo que nosotros ni siquiera entendíamos, al mismo Wilmar se le olvido el libreto y tuvo que preguntar a Pablete que era lo que seguía, respondiendo satisfactoriamente y no escondiéndose detrás de la maleta, como en otroras aventuras si hizo.
Al final, un segundo lugar, ochocientos mil pesos caídos del mismísimo cielo para garantizar la reproducción sistemática de la guaimarones mozzarellistica, quienes a pesar de algunos comentarios, no se darán por vencido, y seguirán poniendo su pellejo por algo tan sencillo como causar una sonrisa, un tomatico, una lastima, o ternura, sentimientos todos lógicos y permitidos en este camino bautizado en otroras como: mamagallsitico. Agradecer de pronto a Cabas, jurado calificador, quien seguramente en medio de su turra, entendió la nuestra, (aunque sin yerba) y nos dio su votico.